Traicionar a Confucio

El Hombre Superior de Confucio

Recordemos la doctrina básica de Confucio, la de la primacía de la Ley Moral. En algunas de sus máximas más explícitas al respecto nos dice: “El hombre superior se detiene con pavor ante los secretos del cielo y también “Si ha de prevalecer la Ley Moral, es por decreto del cielo”. Confucio, en el Lun Yü desarrolló ampliamente esta teoría, una auténtica perspectiva integral, político-moral, del ser humano. Así entonces, el hombre cabal es aquel ser, que sabe ser honesto consigo mismo, confiable en el manejo de sus actividades y sobre todo, leal en las asociaciones establecidas con otras personas. Verdadero hombre, digno de humanidad, es aquel que se comporta con responsabilidad, comprensión, veracidad, cuidado, y generosidad. Confucio denomina a este ideal axiológico “hombre superior” y es una derivación de la noción acerca de que “el hombre bueno que no tiene pesadumbre, del hombre sabio que no tiene perplejidades y del hombre valeroso que no tiene temor”.

Traicionar la tradición

Pues bien, si ya hemos visto que el respeto a la tradición es la base de la cultura china y que esta tiene como noción básica un arquetipo moral como meta de la eticidad de su gente, el “hombre superior”, un ente que hace de la rectitud la sustancia de su propio ser; de la decencia, la base de su conducta, de la modestia su punto de partida, y de la honestidad su máxima meta, según rescata Francisco Larroyo, del cronista Chan-Wing-Tsit; los recientes acontecimientos en cuestión sanitaria, por la emergencia del virus de la influenza A/H1N1, han puesto en evidencia que el gobierno chino actual ha traicionado por completo la tradición de sus antepasados, manifestada en este ideal humano, promulgado por Confucio. Los abusos a los derechos humanos sufridos por los ciudadanos mexicanos, y de otras naciones, en China, exponen la lamentable circunstancia de que las generaciones futuras de chinos, no tendrán tradición que honrar, puesto que la sabiduría de su mayor y más digno filósofo, el gran Confucio, ha sido reemplazada por una penosa actitud de violencia, intolerancia y poco sentido común