En torno al arte de Ni Tsan

La figura de Ni Tsan

Ni Tsan fue un integrante del conjunto de pintores chinos denominados como los Cuatro Maestros de la dinastía Yuan. Sus compañeros fueron Wang Meng, Wu Zheng y Huang Gongwang. Por su parte Ni Tsan, no obstante haber nacido en el seno de una familia adinerada, decidió no adscribirse al dominio de la dinastía Yuan, proveniente del extranjero. Así entonces, eligió llevar una existencia de retiro, y profunda meditación. Su personalidad debió haber sido muy fuerte e intensa, puesto que fue catalogado como verdadero excéntrico, aunque fue muy imitado en sus desarrollos artísticos.

Un arte sencillo y profundo

Las obras de Ni Tsan se caracterizan por ser al mismo tiempo llenas de paz, y paradójicamente, muy demandantes. Este pintor desarrollaba representaciones de paisajes con muy escasos elementos: acostumbraba dejar considerables porciones de los lienzos sin trabajar. Sus composiciones hacen percibir una inquietante sensibilidad, sin requerir mucho para ello: una cabaña solitaria, paisajes silenciosos con escasos árboles, vegetación parca e impasible. Sin embargo, en todo ello, sobresale la admirable ligereza de sus trazos.

El universo del límite

Vale la pena recordar con referencia al arte de Ni Tsan, el concepto filosófico del límite: cuando se piensa en la noción de “límite” como aquel punto en el que se ingresa a los ámbitos de lo no conocido, entonces se requiere la presencia de algo, que sin ser precisado, de cuenta de una imposibilidad concretada, es decir, pensable. Tal es el concepto-límite, que puede ser comprendido, como aquel noumeno que desarrollo el pensador alemán Emmanuel Kant. El concepto-límite es aquello que se refiere a ciertos objetos de pensamiento, que no aluden a ninguna específica realidad, pero que pueden servirnos para dar razón de otras realidades, muy diversas.

El límite del Universo

Ni Tsan, con su arte prodigioso, nos sitúa en los linderos de la realidad, pero no intentando llegar al todo que la compone, sino teniendo la sensibilidad y la paciencia, para seleccionar aquello esencial, eso que de tan bello y simple justifica el resto, y construir con ello un espacio desde donde asomarnos al vacío de la infinitud del ser. La naturaleza, así de sencilla, es hermosa; de acuerdo a esta singular lectura de Ni Tsan, no solo por ser auténtica, sino por constituirse en el borde mismo de lo que no puede ser más, por ser tanto.

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