Confucio, y Solón de Atenas

La enseñanza de Solón

Solón consideraba que la palabra es el espejo de la acción, es decir, que el logos del discurso debería ser el mismo que el que guiara toda praxis, a fin de ser congruente y tener cohesión de miras. También creía que una sociedad se encuentra bien ordenada cuando los ciudadanos atienden a los magistrados, y los magistrados a las leyes, de tal suerte que se presenta un cosmos perfecto que ennoblece y diviniza a la polis, motivando el éxito y el bienestar de todos sus habitantes.

Como buen griego, el sabio Solón orientaba toda su acción intelectual y legislativa según un ideal de armonía, cimentado en la consideración de qué es preciso servirse de lo aparente como indicio de lo inaparente, que nos apuntaría a un sentido místico de toda su tentativa política, en un afán por aludir al misterio profundo del ser con una sociedad armónica y justa, dirigida a la perfección y la pureza.

La enseñanza de Confucio

Confucio por su parte coincide con Solón en varios aspectos: la ponderación del orden en la sociedad, la preocupación moral de que las leyes sean respetadas, el que tanto la existencia privada como en la vida pública, se guíen sin cesar por el sendero superior del “Justo Medio” (parangón de la virtud ática).

Lo único que lo diferencia notablemente de Solón es que, para Confucio, interesado más hacia un pragmatismo eficiente, era preciso actuar correctamente, de acuerdo a las legislaciones pertinentes, sin detenerse a pensar el porqué deberíamos actuar de esa manera Para Confucio bastaba con encontrar la guía central, el “chung”, de nuestra existencia moral y permanecer en armonía “yung” con el universo, para obtener el máximo logro de la vida humana.

Solón, por su parte, si se ocupaba más de fundamentar, al fin y al cabo uno de los padres de Occidente, las leyes y normas morales que proponía y defendía. Era preciso para él encontrar el logos de cada acontecimiento humano y comunicarlo a los demás, para hacer evidente y satisfactoria una decisión u acatamiento de determinado mandato. Para Solón todo era cuestión de paideia: razón, cultura y formación.

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