Algunas referencias sobre el budismo en China

Una religión del corazón

En el año 61, el emperador Ming Ti perteneciente a la dinastía Han, motivado por un sueño, dispone localizar y hacerse de sabios monjes y textos budistas de la India. De esta manera, durante el siglo II se desarrolla en China la escuela de la Tierra pura, o también conocida como culto de Buda Amitabha (en chino Omituo fo). Se trata de una religión del corazón en la que se clama por una deidad personal que contesta a los hombres difundiendo su gracia.

El chan: la purificación interior

En el siglo 520 arriba a Cantón el respetado monje Bodhidharma, quien inaugura la escuela de la Meditación (chan) en el imponente monasterio de Luo-yang, localizado en Henan. El chan, que en esencia es una doctrina de la purificación y del esfuerzo interior, transporta al éxtasis, experimentado como una vivencia del alma en el Vacío inexpresable de lo divino. Los monjes dedicados al chan más avanzados, restan valor a las expresiones comunes de fervor religioso: para ellos, la auténtica religación es interior y silenciosa.

Apogeo y declive del budismo en China

En China, el budismo tendrá su desarrollo más extendido con los Tang [618-907]. Innumerables monjes llevan a cabo peregrinaciones hasta la India utilizando las rutas comunes de las caravanas. Se cultiva la veneración de Maitreya, y Avalokiteshvara es vista como la diosa Guanyin. Al igual que en otros sitios, el budismo mahayana da muestras de flexibilidad, se adapta a la idiosincrasia china hasta fundirse con las veneraciones particulares del lugar.

Su difusión continúa con los Song y más aún con los Mongoles, no obstante los sabios seguidores de Confucio intentan rechazarlo. Pero luego, desde el siglo XVII, el budismo chino se debilita y pierde seguidores. Hoy en día se calculan 150 millones de budistas en ese país oriental.

La paz del chan, los estoicos greco-romanos

La esencia de la noción del chan, bien podría ser comprendida a la luz de una comparación de cómo los célebres estoicos de la antigüedad pugnaban por encontrar en su interior la fuente de todo bien. Ya el gran Marco Aurelio expresaba en un pasaje de sus profundos Soliloquios: “¡En ningún lugar más que en su propia alma podrá retirarse un hombre con mayor tranquilidad y de la manera más sencilla! Sobre todo aquel que guarde en su interior cosas tan preciadas, que con sólo mirarlas se obtenga paz para la razón. Y por esa paz entiendo una disposición de orden perfecto. En consecuencia, regálate continuamente con este lugar de retiro y renueva tu vida”.

Para los chinos el vacío era esa zona interior de paz divina, los estoicos greco-romanos, por su parte, la concebían como la naturaleza fundante del mundo.