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Logos y Tao: el niño anciano frente al fuego

Escrito por Ademir / 19 de diciembre de 2008

Intentaremos en las líneas que siguen esbozar un acercamiento comparativo entre el filósofo griego Heráclito y el sabio chino Lao Tse. Porque la mejor manera de valorar una tradición tan lejana y vasta como la China, es en primera instancia, ponerla a la luz de nuestros propios fundamentos culturales: el pensamiento de los padres de occidente, los griegos de la antigüedad.

El Viejo Maestro y el Tao

Lao Tse, contemporáneo de Confucio (siglo VI-V a de C) como todos los grandes transformadores de la historia nació, envuelto en la leyenda: se cuenta que su madre, virgen, lo llevó en su interior durante más de ochenta años, para finalmente darle a luz bajo la axila izquierda, cuando un rayo de sol le inundó la boca mientras reposaba bajo un enorme ciruelo. Así llegó al mundo Lao Tse, el niño viejo, un infante que con el rostro arrugado y la larga barba blanca, antes de pedir alimento se puso a meditar en silencio.

Lao Tse fundo el taoísmo, toda una filosofía china de vida. La enseñanza capital del taoísmo es el no-hacer (wu-wei) que no alude a pasividad alguna, sino que anima a no llevar a cabo acciones a contra natura. El Tao pondera la espontaneidad, la sabiduría de permitir que las cosas del mundo tomen su rumbo natural, para poder armonizarse en la propia confluencia de los caminos existenciales y ser parte del Tao (Todo).

El enigmático logos del Oscuro

Por su parte, Heráclito, apodado el Oscuro por su hermético estilo aforístico, fue un sabio de Éfeso, empeñado en enfrentarse vivencialmente con la manifestación del misterio insondable de la deidad, expresado a través de enigmas y acertijos, justo a la manera en que se comunicaba el dios en los oráculos, como en Delfos. Para Heráclito la expresión más característica del dios en el mundo era a través del logos, que simbolizado por el fuego era la palabra, el discurso rector de los acontecimientos del mundo la cuenta y razón de todos los acontecimientos.

Mudable, divinal, caprichoso como el fuego, no obstante, era preciso según Heráclito identificar de entre todas las apariencias falaces del mundo: el devenir, el tiempo, la decadencia; la verdadera realidad del logos- entendiendo verdad como aletheia, es decir, un movimiento que devela y que oculta a la vez. Saber la razón-el logos, del porqué de las cosas, era para Heráclito saberlo todo: una ígnea iluminación interior.

Logos y Tao: el límite del mundo

Tanto Heráclito como Lao Tse fueron personajes solitarios que gustaban de aislarse de los asuntos mundanos. Su mayor coincidencia podría ser el haber tenido la intuición de que hay un elemento indecible, aunque simbolizable (Logos/Tao), que determina el derrotero de todos los demás elementos del mundo. Ser sabio, como ambos, es saber vivir con /por ello, hasta el último aliento. El resto es silencio.

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5 comentarios

  1. [...] un Heráclito redivivo, Dick se obsesionó con el problema de los límites de la realidad. En casi todos sus [...]

  2. [...] haber bautizado y transformado en mecánico estilo escolar, lo que más bien él quería como una sabiduría de vida y una enseñanza de estilo [...]

  3. [...] proveniente del extranjero. Así entonces, eligió llevar una existencia de retiro, y profunda meditación. Su personalidad debió haber sido muy fuerte e intensa, puesto que fue catalogado como verdadero [...]

  4. [...] en el periodo de los Tres Reinos, acontecido en los años de 200-265 d.C. (La idea de que toda la realidad que habitamos no sea sino un dilatado sueño de P’an-Ku, es demasiado peligrosa, pero no [...]

  5. [...] a las enseñanzas de Mo Tsé y se derivan directamente del último taoísmo enarbolado por Lao Tsé. A la vez, Hui Shih y Kung-Sun Lung sentaron las bases del posterior neomohismo. La erística china [...]

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