Conocer acerca de Mao Tse Tsung es como penetrar en el corazón de China. Porque, como toda figura relevante para una nación, su figura es controvertida y generadora de polémica en todo momento. No obstante, adentrarse en su pensamiento, procurando tomar la distancia necesaria para comprender a fondo su relevancia, nos guía hacia la esencia misma de China, lo que la distingue en el mundo entero.
Marxista convencido
Luego de una pronta incursión en asuntos políticos, movilizando a estudiantes y campesinado en Hunan, Mao adopto al marxismo como disciplina rectora de sus empeños transformadores. Fueron Li Dazhao y Chen Duxiu, los más importantes introductores en China de esta filosofía, quienes, a través de sus ideales, motivaron en Mao tal resolución intelectual. Pronto se manifestó como un combativo defensor de ciertas posturas radicales, cuando, por ejemplo, se opuso a Bertrand Russell y su reformismo gradual. Mao, en contraste, consideraba legítimo hacerse con el control de una nación por la fuerza, fundamentándose en los principios del marxismo.
La base de un cambio
Ya erigido como uno de los baluartes del Partido Comunista Chino, Mao advirtió el enorme potencial revolucionario de los millones de campesinos chinos, y además, la relevancia de mantener sana la estructura burocrática del Partido, determinándola permanentemente a la injerencia directa del pueblo. Mao siempre estuvo a favor de dar la primacía en las transformaciones políticas a los campesinos, y no como la mayoría de los líderes del Partido deseaban al proletariado de las ciudades.
Mao en su filosofía
Mao desarrolló su actividad filosófica, básicamente como conferencista y difusor de las doctrinas del materialismo histórico de Marx, la mayoría de ellas efectuadas en las postrimerías de la década de los treinta, en la provincia de Yunan. Dos de estas conferencias fueron preservadas en forma escrita, y manifiestan esencialmente, la postura intelectual particular de Mao. “De la práctica”, el primero de estos textos, aborda temas de epistemología marxista para explicar el vínculo entre la teoría y las prácticas sociales.
Por su parte “De la contradicción” consiste en una cuidadosa lectura de la dialéctica, relacionando hábilmente la noción china del Ying y el Yang, con las teorías de Hegel y de Marx, dentro del marco de la sociedad de su nación oriental. Su vaticinio de que, aún tras implementar el socialismo en el gobierno, continuarían presentándose contradicciones sociales, le sirvió como cimiento teórico para su posterior concepto de la revolución permanente. Lamentablemente, un dogmatismo violento y férreo, lastró mucho de su trabajo reflexivo.
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