Breves nociones sobre el Feng Shui (III)

Tierra

La tierra simboliza la fuerza de las entrañas del planeta. Ese mismo magma que motiva la gestación de las montañas más altas y bellas. La tierra queda referida en el lenguaje cifrado del Feng Shui por construcciones elaboradas con tejas o con ladrillos; con objetos manufacturados con loza o cerámica; por medio de habitaciones adornadas con paisajes en donde se representen desiertos, áridas llanuras o campos yermos. Recuerda que los tonos que más aluden a la naturaleza de la tierra son los ocres, amarillos, pardos y cafés.

Metal

El metal es la esencia del otoño. Es energía en concentración, dinámica acumulada, vida en potencia. A este poder en virtual reposo se le denomina como principio de contracción. Son aprovechables, para fines de armonización, la mayoría de los metales; la plata, el acero, el cobre, el aluminio, el oro, y el latón, por ejemplo. También la utilización de cristales naturales y formaciones vítreas minerales. No se pueden descartar a rocas como las formadas a partir del mármol, la laja, y el granito. En lo tocante a las formas, hay que procurar superficies no regulares, ásperos acabados, accidentados muros, en donde se hagan notar formas de nubes o de olas.

Agua

El agua refiere al espíritu de invierno, al talante melancólico pero al mismo tiempo esperanzador del mundo. Vale la pena, si se precisa el balance de este importante y poético elemento, acudir a todos los objetos y símbolos que se vinculen con el agua, es decir, ríos arroyos, estanques, lagos, fuentes o cualquier otra formación natural o artificial que contenga el vital líquido; y más aún, si fomenta su libre circulación. También las superficies especulares, tales como vidrios, cristales o espejos. De la misma manera son pertinentes los arcos, las curvas, los óvalos, y los círculos. Las tonalidades más adecuadas para favorecer al agua son: el negro, el gris, el azul marino, y en general todas las oscuras.

El universo cuida de sí

Los elementos de la naturaleza son muy importantes, no tanto por lo que los distingue, sino por la dialéctica vinculación que guardan. Pero es una singular dialéctica que no hace marchar a ningún sitio, sino que se constituye como una dinámica del persistir. El universo cuida de sí, y nosotros tenemos que hacer nuestra parte para que lo consiga.