La cosmogonía es el conjunto de discursos míticos y científicos que abordan el tema del origen del universo. En este sentido, es ejemplar la tradición cosmológica china, ya que incluye una serie de relatos y narraciones que, por causa de su milenaria antigüedad, poseen una gran carga intuitiva, un resabio de percepciones primigenias que aún conmueven por la natural profundidad, libre de todo prejuicio posible que manifiestan en su planteamiento.
El mito del huevo primordial
Aunque existen muchas versiones de este conocido mito, en general todas ellas concuerdan en que antes del tiempo, existía solamente un caos inextricable, un cierto tipo de ámbito no definido- precisamente, el huevo cósmico- en donde permanecía un extraño ser superior, de nombre P’an-Ku, quien al decidir su propio sacrificio, al romper el cascarón del huevo cósmico y emerger, falleció. De sus restos se generó el universo que habitamos.
La primera referencia acerca de este relato inmemorial puede hallarse en el célebre libro de Xu Zheng, en el periodo de los Tres Reinos, acontecido en los años de 200-265 d.C. (La idea de que toda la realidad que habitamos no sea sino un dilatado sueño de P’an-Ku, es demasiado peligrosa, pero no tanto como la interrogante acerca de qué sucederá- más que sólo realmente- cuando despierte en verdad).
El cuerpo del mundo
Incluso en numerosos registros se repite la frase “Desde que P’an-Ku creó el cielo y la tierra”, lo que nos habla acerca del gran arraigamiento que ha tenido este mito en el imaginario cultural chino, y de qué manera ha influido en el posterior desarrollo de su civilización. El mito detalla como la morada de P’an-Ku consistía en un gigantesco huevo negro, y allí permaneció esta criatura divina durante largo tiempo, hasta que se decidió a escapar de allí, luego de 10,000 años, rompiendo el cascarón con su hacha.
De la clara de este huevo colosal se forjó el firmamento celeste; de la sustancia grumosa y densa del mismo se hizo la tierra. P’an-Ku permaneció entre estos dos elementos, al momento que iban creciendo, así que luego de eras, P’an-Ku se desempeñaba como una especie de soporte entre los dos espacios, que lograba que permaneciesen separados y únicos.
Sin embargo, el mito nos refiere como al cabo de un tiempo P’an-Ku por fin murió, y las diversas partes de su cuerpo devinieron en los elementos de la naturaleza que todos conocemos. (Atlas, el titán que sostiene al mundo en sus espaldas, se agita: P’an-Ku sonríe, el espejo se estremece)
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